HUACHO Y SU ENIGMÁTICO ATRACTIVO

Puerto de lanchotaje marítimo de harina de pescado alimenta a muchas familias 

Faltaba seis minutos para las cinco y media, y entre ocho personas jalaban la red, las 240 brazadas de red llenas de pescado que fueron a buscar todo el día. Otro grupo ya estaba listo para volver a entrar al mar. Una larga jornada les esperaba: a las cinco de la mañana tenían que estar de vuelta con todo lo que los clientes esperan llevar a casa, al mercado y a los negocios.

El espectáculo día a día en el puerto de Huacho lo disfrutan algunas familias que pagando un sol ingresan al muelle. Marco Caballero, un pescador de la zona nos contó su itinerario en ese lugar: Desde las 6 p.m. durante toda la madrugada pesca, y al terminar la faena se da un tiempo para los turistas. Las familias que llegan de fuera de Huacho y las parejas enamoradas son los clientes más asiduos a los paseos en bote. Es que la belleza de ver el sol salir y empezar a brillar en la mañana es incomparable para los románticos que pagan 10 soles por bote y descubren la maravilla del paisaje y por qué no de las historias escondidas como la del boquerón de la viuda.

El negocio se mueve así, entre pesca y visitas turísticas de paseos y pesca con anzuelo para los más pequeños. Pero con poco respaldo de las autoridades, porque la organización depende de los mismos pescadores y sus ganas de hacer crecer el puerto como destino y fuente de abastecimiento para la ciudad.

A cinco minutos del centro de la llamada ‘capital de la hospitalidad’, el puerto huachano tiene un encanto que pocos conocen pero que vale la pena rescatar y visitar. Hay escenas en medio del paseo que ameritan guardar la cámara y grabarlas en la memoria.

Boquerón de la Viuda

La leyenda de ese túnel cuenta que un pescador salía a trabajar todos los días, cuando de pronto un buen día se le presentó una mujer hermosa, un tanto misteriosa, de quien se enamoró. No se dio cuenta que era una sirena hasta que le prometió que toda su pesca se convertiría en oro si daba un paseo con ella. Al día siguiente, solo apareció la ropa del pescador… y él ya no estaba. Su esposa esperó su regreso por varios días en ese boquerón, pero con el paso del tiempo, él nunca volvió. La mujer, de la pena, se lanzó al mar… y el llanto de la viuda se escucha hasta hoy en ese lugar cada noche.

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