LA BLANCA AREQUIPA

El calor nos recibió en la ciudad blanca, y me invadieron esas infaltables ganas de un queso helado.

No era la primera vez que estaba en la hermosa Arequipa, pero ahora ya tenía la edad suficiente como para poder recordar cada uno de los detalles y paisajes, y hasta para decidir por mí misma qué haría, qué comería y dónde me quedaría. Con mi vasito de queso helado de s/. 3.00 soles en la mano, así comenzó esta aventura.

Arequipa tiene una mezcla exacta entre Lima y Cusco. Para mí, es la combinación perfecta entre lo moderno y comercial, con lo tradicional que inspira a preguntar sobre la historia de cada calle por la que pasas.

Fueron quince horas de camino en nuestro auto particular y llegamos a la plaza, blanca como toda la ciudad y lo primero que hicimos fue entrar a la Catedral. Impresionante por dentro y con la curiosa tradición de hacer las confesiones fuera del templo.

Una vuelta en la plaza y nos dio ganas de almorzar. Fuera de comer el típico pastel de papa, el solterito arequipeño, o el rocoto relleno, fuimos en busca de algo diferente y encontramos un restaurante de cocina preinca. ¿Cómo es eso? Pues, sin aderezos… Un choclo, una palta y diferentes tipos de papas fue lo que nos sirvieron a la mesa. Algo que solo en Arequipa pude encontrar y disfrutar por cierto, acompañado de una Kola Escocesa.

De tanta curiosidad, pedimos un tour por la cocina, y nada más bonito que encontrar un batán, un horno de piedra volcánica y ollas de barro en todas partes.

El sol nos invitó a dar una vuelta por la plaza una vez más. Y la comida nos hizo dar cuenta que lo que no se conoce mucho de Arequipa puede resultar lo más interesante. Así que decidimos buscar un tour que nos sacara de ahí para continuar descubriendo.

Muchas personas en la plaza ofrecían los recomendados city tours, que nos llevarían cerca de los majestuosos volcanes de la ciudad. Cruzamos la pileta y caminamos entre las miles de palomas, y encontramos un recorrido turístico a s/. 20.00 que nos haría enamorar mucho más de la hermosa Arequipa.

Caminamos lejos de la plaza, a dos o tres cuadras de ahí para abordar el bus panorámico. Nuestro primer destino fue Yanahuara. Un mirador que nos acercó al Misti y donde todo pintado de blanco nos daba la idea de estar en medio de un lugar cubierto de cenizas de volcán. Una pequeña Iglesia se veía frente al mirador pero al ir más cerca, notamos que era un imponente lugar, y la paz y en silencio habitaban dentro.

Al salir de ahí, renovados, continuamos el recorrido, hacia un mirador totalmente natural, pasa o por un puente larguísimo y llegamos a Carmen Alto. Lo que vimos ahí era la total mezcla de todas las maravillas de la naturaleza: un valle hermoso con río, vegetación, y los tres volcanes en una vista completa. El Misti, el Pichu Pichu y el Chachani en medio del paisaje realmente era encantador. Al salir del mirador nos dimos cuenta que ese lugar era una sede de Canopy con una de las vistas más bonitas que he podido apreciar. De hecho, si teníamos más tiempo para quedarnos, lo hacíamos, pero el recorrido tenía de continuar.

Una de las tiendas más exclusivas de ropa hecha de pelo de alpaca, nos esperaba en medio de la ciudad. Cuando llegamos, lo que más nos atrajo fue el mini zoológico de auquenidos el que no dudamos en visitar. La entrada gratuita nos hizo acelerar el paso y si para un peruano es interesante, para un extranjero lo es más. Fotos en todos lados, en el pequeño zoológico y al bus una vez más.

Si de aventura se trata, y el visitante quiere abacería deportes que salgan de lo común de la ciudad, están las cuatrimotos, o los paseos en caballo que los mismos city tours ofrecen en sus precios. Y hasta se puede montar un toro con el tour completo. Aunque el suspenso nunca será tanto como el que se puede sentir en el parque jurásico que está saliendo de Arequipa, camino a Yura.

Hay infinidad de actividades que hacer en la ciudad blanca, solo es cuestión de buscar a los tours de la plaza que cubren todo, con guía bilingüe incluido. Lo único a lo que hay que ponerle mucha atención es a no equivocarse de bus, porque son varios y muchos iguales. Y por cierto… Total atención a pasarla bien. Una cámara en mano con espacio libre, bloqueador y mucho pero mucho repelente.

Un queso helado en mano fue la mejor compañía durante el día, hasta que llegó la noche y los chocolates de la tradicional Ibérica tomaron su lugar.

Así nos despedimos de la ciudad, y un hotel cerca a la plaza nos esperaba con un buen mate de coca antes de dormir, pues al día siguiente teníamos la difícil tarea de ir a Puno desde muy temprano para disfrutar tal vez de uno de los caminos más bonitos que se puede tener en la carretera. Arequipa nos fascinó con su blanco color en todo lugar.

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